Su legado es fundamental para la comprensión de la experimentación interdisciplinaria entre la pedagogía de las artes y la psicología en Latinoamérica.
Su práctica abarcó desde el dibujo y la pintura a la producción de objetos…
desde instalaciones y acciones corporales…
al videoarte como registro o incluso como obra autónoma…
llegando hasta la producción de situaciones en el entorno urbano…
Habiendo crecido e iniciado su formación en la cosmopolita Caracas de mediados del siglo veinte y finalizando sus estudios universitarios en el extranjero.
Antonieta Sosa nunca desestimó sus orígenes andinos ni el conocimiento de los pueblos aborígenes.
Partiendo de su propio cuerpo, extendió la invitación a colaboradores y público hasta incluir finalmente cuerpos no humanos como agentes dentro de sus acciones corporales o situaciones.
Su interés temático por el cuerpo en el espacio y el individuo dentro del campo social, se refleja en sus performances, sus objetos e instalaciones relacionadas a lo antropomórfico, como en el caso de sus sillas.
Y su labor pedagógica es la extensión de su tendencia a convertir la vida cotidiana en obra. Por ello, su relevancia también radica en el establecimiento de un método pedagógico experimental que abrió campo a idearios de:
contexto, genealogía, inclusión, colectividad, materialidad e inmaterialidad en su práctica diaria del arte y la pedagogía como activismo, que tuvo influencia integral desde la infancia hasta generaciones posteriores de artistas a nivel universitario.
y también para el desarrollo de futuros programas de formación que activen las vías de investigación que la propia artista inició, además de apoyar nuevas iniciativas que desarrollen el campo artístico y pedagógico desde la experimentación.