Antonieta Sosa (1940-2024) fue pionera del arte conceptual y medios mixtos en Venezuela donde impulsó, desde 1965, el desarrollo de la pos-vanguardia visual, performativa y pedagógica.
Su legado es fundamental para la comprensión de la relación interdisciplinaria entre la pedagogía de las artes y la psicología en Latinoamérica.
Su práctica abarcó desde el dibujo y la pintura a la producción de objetos…
desde instalaciones y acciones corporales…
al videoarte como registro e incluso como obra autónoma…
extendiéndose hasta la producción de situaciones en el entorno urbano…
e intervenciones a escala arquitectónica.
Su obra y pedagogía tienen un carácter experimental, analítico e interdisciplinario; abordan la filosofía, psicología, sociología, antropología, arquitectura, y manifiestan un profundo interés por la danza y el cuerpo humano como contenedor de lo espiritual.
Habiendo crecido e iniciado su formación en la cosmopolita Caracas de mediados del siglo veinte y finalizado sus estudios universitarios en el extranjero,
Antonieta Sosa nunca desestimó sus orígenes andinos ni el conocimiento de los pueblos aborígenes.
Su obra integró tanto su cuerpo como a colaboradores y al público, incluyendo también cuerpos no humanos como agentes dentro de sus acciones corporales.
Participó y promovió la dinámica cultural local, sin desestimar la conciencia de los fenómenos globales. Esencialmente inclusiva, se vinculo con múltiples tendencias culturales, identificándose como humanista y universalista.
Explícitamente desarrolló y divulgó su legado en y para Venezuela, aunque facilitó también su exhibición internacional cuando lo creyó adecuado.
Sosa ha sido entendida como artista conceptual de segunda generación y como pos-conceptual. Esto se debe al carácter analítico de su legado…
y a su marcado impulso de experimentación durante casi seis decadas. Pero especialmente a su vocación interdisciplinaria (como bailarina y artista conceptual), donde la separación mente/cuerpo solo existió para ser puesta en entredicho.
Su interés temático por el cuerpo en el espacio y el individuo dentro del campo social, se refleja en sus performances, sus objetos e instalaciones; que aluden a lo antropomórfico como en el caso de sus sillas.
Su labor pedagógica es la extensión de su tendencia a convertir la vida cotidiana en obra. Por ello, su relevancia también radica en el establecimiento de un método pedagógico experimental que abrió campo a nociones de:
contexto, genealogía, inclusión, colectividad y materialidad; presentes en su práctica diaria del arte y la pedagogía como activismo, que tuvo influencia integral desde la infancia hasta generaciones de artistas a nivel universitario a lo largo de 40 años.
Su fallecimiento, en el 2024, nos deja un vasto archivo documental en la ciudad de Caracas, que los colaboradores del estudio antonieta sosa han comenzado a registrar con la intención de compilar un catálogo razonado de su obra,
y también, desarrollar programas de formación que activen las vías de investigación iniciadas por la artista, y apoyar nuevas iniciativas que desarrollen el campo artístico y pedagógico desde la experimentación.